diumenge, 2 de setembre de 2007

Francisco Calero atribueix l'autoria del 'lazarillo' a Lluís Vives



Dentro del grupo de obras erasmistas anónimas de la primera mitad del siglo XVI se encuentra el Lazarillo de Tormes, una de las cimas más altas de la literatura española de todos los tiempos. En mi anterior trabajo en esta revista "Interpretación del Lazarillo de Tormes" me ocupé de la forma y del significado de la genial obra. En el presente demostraré con numerosos argumentos que su autor fue el humanista valenciano Luis Vives.

Para que una obra se pueda atribuir con garantías a un autor tiene que haber concordancia en la temática, en la expresión y en el estilo entre la obra anónima y el resto de la producción del autor al que se intenta atribuir. Es lo que voy a demostrar a continuación. Para ello he tenido muy en cuenta toda la bibliografía anterior sobre el Lazarillo, ya que ha habido excelentes investigadores sobre la obra.

He partido de sus conclusiones, complementándolas, eso sí, con mis conocimientos de la obras de Vives, especialmente de las latinas, pues he dado preferencia a ellas a fin de que la demostración sea más concluyente. También he tenido en cuenta, por su puesto, las castellanas, después de haber demostrado en mis libros que son de Vives el Diálogo de Mercurio y Carón, el Diálogo de las cosas acaecidas en Roma y el Diálogo de la lengua.

También escribió el Diálogo de doctrina cristiana, publicado anónimamente en 1529. Sobre esta autoría he descubierto más de cien argumentos que serán dados a conocer en una próxima publicación. Los argumentos utilizados en mi demostración son de los llamados internos o comparativos, por estar fundamentados en la comparación de las características temáticas y lingüísticas de las obras anónimas y las del autor al que se trata de atribuirlas. Tales argumentos han sido empleados tardicionalmente en la investigación de la autoría de obras anónimas o mal atribuidas en la literatura griega y latina.

Con la utilización prudente y rigurosa de los mismos se puede llegar a la seguridad de que una obra fue escrita por determinado autor. Resulta evidente que cuanto mayor sea el número de las concordancias internas y cuanto más características sean del autor en cuestión, tanto mayor será la fuerza probatoria de las mismas.

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